lunes, 10 de enero de 2011
Juegos fónicos y tazas de café
Hoy es el día. Hoy escribiré una historia, una historia sobre… un hombre. Se llamará… Demian. No… ¿Adrián?… da igual, de mil nombres más tarde alguno le deberá quedar pero si no escribo la idea ahora podría olvidarla, no, no quiero eso, olvidar no, será mejor que me ponga a trabajar.
Afilando el lápiz nuevo, Demian trató de mentalizarse para la titánica tarea (Juego fónico, ¿queda bien?) que le esperaba, observando las hojas de papel blancas vírgenes sentadas en sobre su escritorio.
Café. Un poco de café no hará daño… sólo tengo que ir por la taza a la cocina y podré continuar enseguida. Enseguida.
Las miró intensamente, como esperando que se escribieran solas (…) solas si veían el desesperado deseo (¿Otro juego?) detrás (... Bueno, no creo ése que le haga mucho daño al texto) de sus desoladas (Es demasiado) pupilas azules. Pero por más que suplicó, nadie ninguna fuerza sobrenatural divina acudió a su auxilio. Tallándose los cansados ojos en un vano intento por mejorar su ya perdida visión --Caso perdido, desde luego--,
Esto parece ir prolongándose demasiado, al paso que va el lector estará dormido antes de que… Demian ó Adrián ó… el personaje… tome el mentado lápiz. Veamos…
dejó escapar un suspiro de frustración cansado.
Basta, que sólo prolongo lo inevitable, dijo el pobre poeta (No…) escritor, Debo empezar ya, o no terminaré jamás ahora, en este instante. Decidido, Demian se lanzó hacia el lápiz con un gesto tan exagerado que lanzó el lápiz (error de principiante) que éste rebotó frenéticamente por la mesa antes de caer al suelo, resonando el malévolo (¿?) sonido resonando con un terrible (¿Exagerado?) en la pequeña prisión (Tengo un problema con estos juegos fónicos) en que se había encerrado el artista.
Esto no tiene caso, la historia no avanza. Debería dormir, tal vez es la falta de sueño o quizá simplemente no es el momento… Ahora hasta parece que las musas se han vuelto putas y le cobran a uno la hora. Desgraciado bloqueo de escritor… pero debo terminar la historia. Necesito terminar la historia. Debo terminar… debo terminar
Aquel mudo grito lo hizo volver en sí despertar de entre sus fantasías su mundo estupor y la realidad lo tacleó sin piedad misericordia. Sin más preámbulos cogió el lápiz, y se dedicó a escribir. Escribió sobre un hombre, sí, un hombre que vivía
de escribir. Cuentos, novelas, poemas, cualquier mierda que pasaba por su cabeza y así se ganaba la vida, era un hombre enfermo que hace demasiado tiempo había dejado de inventarse una vida historias, las historias lo habían
inventado y hecho su esclavo mensajero mesías traductor. Rebajado a un triste traductor (un puto juego de palabras más vale madres), traductor de las ideas… esas voces… pero debo terminar la historia. Necesito terminar la historia, debo termina
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