A mi izquierda el reloj marca las tres quince de la madrugada. ¿son las tres quince? Tal vez olvidé adelantar la hora de nuevo. ¿Cuándo fue la última vez que se detuvo el tiempo? No lo recuerdo. Hay muchas cosas que no recuerdo.
Sólo sé que no puedo dormir y que debería estar dormido.
Pienso mucho en ti, ¿sabes?
Pienso… pienso en muchas cosas. Pero cuando no puedo dormir sólo pienso en ti. Es curioso… no debería ser así, ¿o tal vez sí? No sé.
Mi mirada se pierde en el techo de la habitación, no quiero ver la hora de nuevo. ¿Huyen de mí los minutos? ¿Habrán corrido horas ya? Tal vez, no lo sé. No quiero saberlo. ¿Qué importancia tiene el tiempo… cuando no estás aquí?
Era un caso perdido, ¿sabes? No tenía solución alguna.
Yo no podía hacerte feliz
pero te necesitaba ahí. Aunque tú tampoco podías hacerme feliz. O al menos no lo parecía. Vivíamos en un grito de agonía, ¿no? Siempre inconformes con lo que teníamos.
¿Qué pasa ahora, que no tenemos nada?
Tú eres más feliz, ¿no? Se supone que debes serlo.
Se supone que querías estar con alguien que te entendiera. Alguien que te amara.
Probablemente nadie te ame más que yo en esta vida. En este mundo.
Y sin embargo, querías a alguien que te amara.
No tengo sentimientos. Eso es lo que tu decías. Que no tengo sentimientos, que soy una máquina, que estoy sin ser. ¿Que cómo puedo vivir así? Pues, te diré. Yo... no sé. Si no tengo sentimientos, entonces tal vez tengas razón, y no puedo amarte.
Pero te necesito.
Desde que te fuiste, yo…
No puedo… No he podido.
Soñar.
Sí puedo dormir, a veces. Pero soñar, recordar mis sueños…
Nunca… nunca.
Tal vez ha sido un intercambio más que una pérdida. Porque ahora tiendo a soñar despierto cuando estoy, como en este momento, mirando el techo a altas horas de la noche.
¿Qué voy a hacer sin ti?
Sueño contigo cada noche que no puedo dormir.
Te extraño. Te extraño demasiado.
Pero es curioso que no puedo… no lucharía por ti aun si pudiera. No iría y te buscaría a tu apartamento y te diría que nunca encontrarás a nadie en este mundo que te ame más que yo y que prometo cambiar y que prometo ser el hombre a quien amabas. O el hombre a quien amas… o creíste que amabas. No pienso correr hacia ti y abrazarte y besarte apasionadamente y fundirnos y por un momento… por sólo un instante, sentir que eres mía, y cómo tus brazos se aferran a mi espalda, a mi cuello, como si dependieras de mí para respirar, como si buscaras quedarte en mí, tatuada. Y cómo en ese momento fugaz somos uno. Sólo uno. Sin importar el tiempo y el espacio. No pienso hacerlo, no podría.
Es tarde, debería dormir.
Debería poder dormir. Pero no.
Estás aquí. Te llevas mis horas de sueño. Me recuerdas a un virus, a una enfermedad. Algo que me carcome poco a poco por dentro, que me deshace pedazo a pedazo. Eso es lo que me haces. Me deshaces.
¿Sabes qué es lo mejor? Ni siquiera eres tú que estás aquí robándote los minutos de mi vida con besos, con caricias, haciendo el amor, descansando tu cuerpo junto al mío.
Es tu recuerdo. El fantasma del pasado que ya ni siquiera eres tú. ¿Qué tanto puedes ser ella a quien yo recuerdo después de todo este tiempo? Así que me roba las horas una ilusión. Un fantasma. De alguien que ni siquiera es aquella a quien yo amaba. No hay, no hay forma de recuperarte, eso yo lo sé. No hay manera de que yo me atreva, o manera de que tú aceptes. Pero más importante aún, simplemente no hay manera.
Te extraño, ¿sabes? Extraño... extraño a esa persona que solías ser hace tantos años. Tal vez ni siquiera me agrades ahora, no lo sé. Llevo mucho tiempo sin verte, pero probablemente no.
Tal vez ya estés casada de nuevo, tal vez tengas un hombre maravilloso. Uno que sí quiera y pueda darte una familia. Un hogar. Trabajo seguro. Un carro. A lo mejor un perro.
Tú querías una familia, ¿no es así? Y a pesar de todo te conformaste conmigo. Abandonaste tu fantasía de tener hijos y una linda casita blanca en la novena nube del paradisiaco sueño americano. Por tenerme. Y aún así, no… no fui suficiente. ¿Cómo iba a serlo? Cómo iba yo a competir con un marido de revista y un pequeño crío que le dé significado a tu existencia. Que lloren. Que rían.
No hay manera, no hay manera. No.
Entonces yo me pregunto, y lo hago cada noche. A esta hora que no sé cuál sea, pero que siempre es la misma. Una y otra vez, día tras día. Y a esta hora yo me pregunto qué haces aquí, en mi mente. Tu sombra en mis labios, robándome un beso a medias. Torturándome. ¿Qué haces aquí si no puedo tenerte? No porque yo no quiera, o no me atreva. O porque tú no quieras. Sino porque simplemente, tú ya no existes.
Me parece que he oído el canto de un pájaro en la ventana.
¿Qué hora es? debo saberlo… El reloj marca las siete pero… no son las siete, ¿o sí?
Son las siete.
El tiempo vuela cuando uno se divierte, ¿no?
¿Pero cuando se divierte quién? ¿Dios? ¿Acaso los muertos se divierten?
Y ahora debo partir. Abandonarte. De nuevo.
Hasta mañana. Misma hora, mismo lugar. Uno tiene que seguir su vida.


