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joto y reina se toman de las manos

el rey empuña siete espadas

ocho bastos golpean as de corazones

y el viento derrumba lo que ahora ya no importa

***

El arlequín sonríe con tinta desde el cartón

jueves, 9 de febrero de 2012


Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
No, no puedo.
Espero tu llamado, pero no llega. Me dejas sola con el susurro de mis pensamientos. Revolotean en el aire, dibujan paisajes invisibles en el lienzo de la noche. Tengo miedo a la oscuridad. Tal vez por eso te busco entre sus cabellos despeinados, negra maraña imbatible. De ella saliste una noche cualquiera.
No, era una noche de plenitud. Y ahí estabas tú, desenredando los hilos de la infinita oscuridad. Tan oscuro tú mismo que te hubiera confundido con uno más de mis demonios, de no haber sido por aquella esencia que emanaba de ti. Llenabas aquel lienzo con palabras abstrusas. No podía ver la tinta negra pero podía sentir su presencia en la oscuridad insondable a mi alrededor. Fue tu lengua de plata la que me manifestó tu existir.
Después de aquella noche, tu fantasma se quedó en mi reflejo para siempre. A veces venías. A veces la noche te traía, como si nada. Y esas noches te robabas todo lo que era mío. Mis infinitas compañeras en esta locura eterna desaparecían de mis ojos en tu presencia. Cubrías las estrellas con tus palabras, manchándolas de tinta negra como el tiempo.
Pero las noches sin ti se volvieron más duras. Ni los rugidos del océano ni la llama de mis astros podían calmar mis lágrimas de luz. Me deshacía en migajas invisibles sin tus palabras para llenar mi lienzo.
Nunca lo noté vacío hasta que tus palabras afluyeron a él. Y poco a poco mi aire se llenó de tinta llena de raíces y hojas y notas perdidas. Fue como si hubiese llegado el Cuarto Jinete.
Y a pesar de todo, necesito que te robes mi aire. Tus palabras cargan un peso sobre mí que necesito para no perderme en mi ligereza.
Quiero que tu llamado llene el aire, y que tu aullido silencioso ateste mi precioso lienzo. Que el negro sature el negro, y lo llene así de un significado que antes no tenía. Necesito tus letras para que le des pies a mi locura, para que no salga volando y se pierda en el horizonte infinito, insignificante.

Es ahora la luna quien le aulla a la sombra del lobo que se ha ido.

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