miércoles, 26 de diciembre de 2012
No me pidas que te mire.
No me mires.
Como el reflejo que se quiebra y se deshace al atravesar la delicada piel del agua, el universo se quiebra al pasar a través del cristalino; se pierde en la pupila eterna. Desaparece.
Si me miras tus ojos me llaman. Me sé absorbida, devorada, y temo perderme también del otro lado del espejo de tu pupila.
No me pidas que me entregue a la oscuridad tuya, que me quiebre y sea sin saber del otro lado del cristalino.
Si lo hago nunca sabré mi desenlace.
No me mires.
Como el reflejo que se quiebra y se deshace al atravesar la delicada piel del agua, el universo se quiebra al pasar a través del cristalino; se pierde en la pupila eterna. Desaparece.
Si me miras tus ojos me llaman. Me sé absorbida, devorada, y temo perderme también del otro lado del espejo de tu pupila.
No me pidas que me entregue a la oscuridad tuya, que me quiebre y sea sin saber del otro lado del cristalino.
Si lo hago nunca sabré mi desenlace.
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