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joto y reina se toman de las manos

el rey empuña siete espadas

ocho bastos golpean as de corazones

y el viento derrumba lo que ahora ya no importa

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El arlequín sonríe con tinta desde el cartón

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Mundo de letras

Un mundo monocromático. Es quizás algo que no agrade a la mayoría de las personas. ¿No es mejor que un confuso mundo de colores? Armonía.

En cambio, la música necesita de todas las notas para agradarle. Quizás es contradictorio. Quizás todo en él es contradictorio.

Pies descalzos chocan con el frío suelo, el frío mundo. Una mano firme toma la vieja silla de madera. El compositor está sentado frente a la máquina de escribir. Creador de mundos, soñador de realidades, quizás. Lo más bello es el Quizás.

Mira las gastadas teclas del aparato frente a él. Pies descalzos se retuercen bajo la mesa, quizás trazando círculos en el gélido piso.

Se escapa un suspiro, y el cansado hombre se pasa una mano por el despeinado cabello.

Letras, letras, letras. Construyó su mundo con paredes de letras. Vocales, consonantes, acentuadas, con diéresis. Tantas letras que quizás se han agotado.

Fastidiado, el hombre se levanta. Camina hasta la única ventana – quizás ignorando así aquellos papeles de aspecto oficial que tapizan el frío, frío suelo- y abre el estuche negro recargado en ella.

Hora de gritar.
Arco en mano. Dedos fijos en las pisadas. Toca el arco su blanco y sale la primera nota, seguida de otra, y otra más. Brotan, caen, rebotan, chocan.

El violinista escribe sus gritos con los silencios entre corcheas.

Los ojos cerrados, deja que las notas resuenen entre sus paredes de letras.

J.

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